Muchas veces hemos vivido de cerca, entre nuestras amigas, colegas, vecinas y hasta la mujer esperando el autobús lo mucho que detesta la forma en que su marido olvida las fechas y cosas importantes...? Cuántas veces nos quejamos del poco tiempo que tenemos para nosotras mismas, no podemos ni rascarnos a gusto sin que se nos requiera ¨de urgencia¨ en otro lugar.
Todo esto son tonterías, cosas de la vida diaria que se pueden mejorar trabajando en la comunicación y poniendo cada uno de su parte. No son grandes problemas, no son cosas por las cuales uno deba lamentarse tanto, más bien, buscar soluciones que nos ayuden a ser mejores personas.
Pero el Matrimonio puede ser una caja de verdaderas sorpresas, muy buenas, que nos ayuden a crecer aún más como personas o en el peor de casos, realmente malas. Por eso es tan importante tener una base sólida de valores antes de dar un paso tan importante en la vida. Conocer bien a la otra persona, con sus virtudes y defectos, ver no sólo lo bueno y bonito, si no también lo que no nos agrada tanto. Para esto es importante mostrarse tal como uno es, sin máscaras.
Lo más lamentable de todo, es cuando nos toca lo malo.
Sólo piensen cuántas veces nos enteramos por diversos medios, ya sea de televisión, periódicos, chismes de oficina, etc... de mujeres maltratadas, desvalorizadas en lo más profundo de su ser, borrada su esencia, su YO; todo esto por un hombre, aquel mismo que un día maravilloso, ella vió y creyó el hombre más perfecto, gentil, y excelente ser humano que se hubiera podido conocer jamás, siendo ella la feliz elegida por semejante dechado de virtudes.
Cómo una mujer puede llegar al punto de olvidar los buenos tiempos, las sonrisas, el respeto y la dignidad?
Recuerdo muy bien la historia de una chica, quien vivió de cerca el maltrato físico y psicológico durante la mayor parte de su niñez y su adolescencia en su propio hogar. Sus padres, quienes supuestamente debían ser el pilar de aquel hogar, quienes cuidarían de ella, eran precisamente los protagonistas de la más vergonzosa historia de violencia e intimadación dentro de aquel seno familiar.
Su padre, alcohólico, violento y machista; su madre, mujer obstinada, cerrada y sumisa, eran la pareja perfecta para desarrollar este tipo de relación enfermiza y dañina hasta los más recónditos extremos de la vileza, la mezquindad y la desverguenza, donde la autoestima, la dignidad, el respeto mutuo ya no existían; habían sido reemplazados por el miedo, la costumbre y los falsos argumentos de ¨familia¨.
NO QUEDABA NADA.
Nunca olvidaré, que ella; totalmente sumida en la tristeza, me decía, ojalá mis padres se divorciaran. Como una niña tan pequeña, podría estar pensando en un evento de tal magnitud como la solución a todos sus problemas? En ese momento ellos no lo entendían, como adultos pensaban que ella sólo hablaba tonterías - no sabes lo que dices - le respondían fastidiados a aquella pequeña que sólo estaba pidiendo un poco de atención real.
Ella si sabía lo que decía, ella a pesar de su corta edad, sabía más que los adultos que debían cuidarla. El divorcio hubiera evitado muchas situaciones futuras de las cuales sus padres siempre se arrepentirían, pero como bien dicen por ahí: lo hecho, hecho está y no hay vuelta atras, así les sucedió a ellos.
Ya no estamos en el siglo pasado donde una persona divorciada era mal vista y expulsada de los círculos sociales. Estamos en una época de tolerancia y libertad. No permitamos que nuestra vida se convierta en un infierno, tan solo por guardar las apariencias.
El Matrimonio es una institución SAGRADA: Las bases de una buena familia, donde debe reinar la paz, el respeto, la comprensión mutua, etc. Pero si en lugar de ello, sólo tenemos odios, rencores, maltratos de todo tipo, situaciones insalvables, entonces, lo mejor es separarse antes de hacernos daño a nosotros mismos y a quiénes más amamos. Sobretodo si tenemos hijos.
Con los años, siendo aquella niña ya una adulta, sus padres se divorciaron. Y aunque parezca increíble, ahora todos tienen una mejor relación, estando lejos sus progenitores, al fin volvió la armonía y la paz que no se respiraba en muchos años.
Una paz olvidada, añorada... que al fin se dió como por arte de magia aquel grandioso día que sus padres firmaron aquel simple papel.
