A veces la tristeza se nos convierte en compañera inseparable, y por cada camino que emprendemos, vamos desprendiendo tenues destellos que delatan su presencia, porque los sentimientos más simples también saben brillar. Pero aún en esos momentos, agradecemos su compañía y se siente celestial poder respirar profundo, recordar lo que nos duele, soltarlo y volver a comenzar, porque aunque parezca contradictorio, la tristeza también es felicidad, porque ella es el sentimiento de nostalgia que nos queda después de haber vivido algo muy bonito, muy intenso y real.
Entonces para mi, mi tristeza también es felicidad. Por haberlo vivido y darme la oportunidad de sentir, de amar, de perder y aún así, de poder continuar.
SAKENAH.
18/07/12
SAKENAH.
18/07/12
