Unknown
Hoy fue un día muy constructivo, ya que me pude reconocer en varias situaciones que cambiarán muchas de mis perspectivas y malos hábitos de vida.  Se dice que nadie aprende por experiencia ajena, pero yo no estoy totalmente de acuerdo con esta teoría, a mi parecer, las experiencias externas a nosotros, pueden enseñarnos mucho más de nosotros mismos de lo que podríamos imaginar, algunas son verdaderos espejos en que nos vemos reflejados de forma directa.

Al mediodía de hoy, mientras esperaba que trajeran mi almuerzo en un restaurante de la localidad, yo aprovechaba para repasar unos documentos en los cuales llevo semanas trabajando, al poco tiempo de estar ahi pude presenciar a pocas mesas de dónde me encontraba, cómo una anciana le rogaba a su hija al teléfono que la atendiera, le pedía que por favor hablara con ella y le permitiera explicarle lo sucedido, dejándole urgentes mensajes de voz diciendo que todo había sido un mal entendido.  La anciana desesperada, marcaba una y otra vez ese teléfono mientras su mirada angustiada y rendida se fijaba en el piso de concreto.

Ver ese episodio de cerca fue como pasar por un túnel en el tiempo.  Recordé como en algunas ocasiones yo actué de manera parecida, cerrándome a escuchar lo que otros, en su momento, intentaban explicarme. 

Pude experimentar muy de cerca la frustación e impotencia que se siente, cuando intentas explicarle tu punto de vista, motivos o disculpas a una persona y esta decide no darte la oportunidad de escucharte.   Simplemente se concentra en su enojo, dolor, etc, dejándonos sumergidos en un mar de excusas, de palabras no dichas, de justificaciones no dadas.

Hoy comprobé que la forma más rápida de dañarnos es cerrándonos a escuchar al prójimo.   

Por eso, mi consejo actual para mi misma y para todos los demás, es que no importa cuán grave sea el problema, cuán sentidos, ofendidos o dolidos nos encontremos, no permitamos que nuestro enojo o dolor nos guíe, seamos fuertes, cerremos los ojos unos minutos, tomemos aire y decidamos "escuchar".

Permitamos que las personas que nos rodean, familia, amigos, pareja, compañeros de trabajo, etc, puedan explicarnos los por qué de sus acciones.

Tal vez el vaso de agua en el que nos ahogábamos no era tan profundo como creíamos y hubiéramos podido salir de el si nos hubiéramos puesto de pié.  Pero al negarnos a escuchar tambien nos negamos la posibilidad de ver la solución que nos pudo cambiar la vida.

Creo que cada día se aprende algo nuevo y mi lección de hoy fue esta:

Sin importar lo que sientas o no sientas, escucha lo que tengan que decirte hasta el final.  Aunque en esos momentos resulte difícil, ponte en el lugar de la otra persona, sólo piensa si las cosas fueran al revés, estoy segura que no te gustaría que te negaran la oportunidad de explicarte.

"Ya en el mundo hay demasiadas palabras sueltas intentando armar una frase con verdadero sentido y significado que explique un simple lo siento".
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